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miércoles, octubre 5, 2022
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    Mujeres y niñas, más vulnerables que nunca por la guerra de bandas en Haití

    Puerto Príncipe.- La violencia y la falta de salubridad atenazan a cientos de mujeres y niñas que malviven en un campamento instalado desde el 8 de julio en una plaza pública de la capital haitiana, donde se acomodaron tras huir de la guerra entre bandas en Cité-Soleil, área metropolitana de Puerto Príncipe.

    Son mujeres y niñas que han perdido hermanos, maridos, padres e hijos, han visto cómo los grupos armados quemaban sus casas, y forman parte de las más de 3.000 personas que huyeron de la guerra urbana entre las coaliciones de bandas armadas G9 en famille et alliés y GPEP, conflicto que ya ha dejado más de 300 muertos.

    En la plaza Hugo Chávez de Tabarre, cerca del aeropuerto de la capital, cada mujer parece tener al menos un bebé. Algunos niños han nacido en el lugar, otros nacerán allí en los próximos días, ya que decenas de mujeres se han quedado embarazadas, algunas de ellas niñas de entre 11 y 15 años.



    INSEGURIDAD
    El campo de desplazados está expuesto a una fuerte inseguridad, por eso el comité del campamento, compuesto por 7 miembros y 12 agentes de seguridad, ha solicitado un refuerzo policial, especialmente por las noches, explicó a Efe su portavoz, Jean Ernst Désilian.

    Al menos una niña fue violada en el campo y el autor fue detenido y entregado a la policía, mientras que otras menores se quejan de que hombres jóvenes las tocan de forma inapropiada.

    “No tenemos nada en nuestras manos para proporcionar seguridad, para ayudarnos a hacer el trabajo de noche. Ya hemos tenido un caso de violación en la plaza, por no hablar de las agresiones físicas” a hombres y a mujeres, además la gente afirma que hay personas armadas, dijo.

    De hecho, se sospecha que algunos jóvenes que viven en el campamento son miembros de bandas de Cité Soleil, que circulan tranquilamente portando armas. Como los desplazados no están a salvo se ven obligados a permanecer todo el día cerca de sus pertenencias.

    LA VIOLACIÓN COMO ARMA DE GUERRA
    Marie Myrlande Romulus, de 41 años, tiene un hijo de siete años con retraso en el crecimiento, aún no puede caminar, es ciego, sordo y mudo a causa de los golpes que los miembros de una banda le dieron cuando estaba embarazada de 8 meses. Durante la invasión de su barrio, en 2015, el grupo armado tenía como objetivo a las mujeres gestantes.

    “Me mataron a golpes (…) El niño nació con una crisis. (…). Dijeron que me iban a matar en el quiosco. Fue todo esto lo que impactó a mi hijo”, dijo Myrlande Romélus, cuyo hijo está gracias a la intervención de otras personas.

    Al menos 52 mujeres y niñas fueron víctimas de repetidas violaciones en el marco de la violencia de las bandas armadas que estalló el 7 de julio de 2022 en Cité Soleil, municipio popular en el norte de la capital, según un informe de la ONG Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (RNDDH).

    Entre las víctimas de estas violaciones hay una niña de 14 años y al menos 12 supervivientes tienen entre 18 y 24 años. Alrededor de 20 de las víctimas fueron violadas en presencia de sus hijos, dijo la ONG, que defiende y promueve los derechos humanos en Haití.

    FALTA DE SANEAMIENTO E INSALUBRIDAD
    “Cuando llegamos a la plaza, no teníamos agua potable. Utilizamos el agua del estanque, que no está limpia. El agua nos provoca infecciones y sarna. Vivimos muy mal. No tenemos asistencia sanitaria”, dijo Marie Flore Baptiste, de 34 años, madre de cuatro hijos, dos de los cuales son huérfanos de padre.

    Cuando se bañan ahí, al lado de la carretera, la gente que pasa en vehículos las mira. Carecen de privacidad. “Nos resignamos porque hace mucho calor, no podemos quedarnos sin bañarnos”, dijo Flore Baptiste.

    Al caer la noche, una larga fila de mujeres se baña, sin un mínimo de intimidad, cerca de unos aseos portátiles instalados recientemente por la ONG Solidarités Internationales, y que desprenden un olor nauseabundo porque cada día los usan innumerables personas sin que haya un mantenimiento.

    Los desplazados viven en un espacio insalubre donde están rodeados de moscas, polvo, suciedad y el fétido olor de la omnipresente basura en la plaza, donde cocinan y lavan sus sábanas, mojadas por las lluvias torrenciales que caen casi cada noche impidiendo a las mujeres descansar después de pasar horas de pie con sus hijos a cuestas.

    Aunque la prensa local e internacional ha dejado de hablar del conflicto armado, las personas desplazadas que Efe tuvo ocasión de conocer afirman que la guerra continúa, lo que supone que el número de personas en el campamento aumente día a día.

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